
Bruce Windsor era un hombre de familia con una vida respetable: padre de cuatro hijos, diácono en la iglesia de su barrio, técnico de un equipo juvenil de fútbol, hacía trabajos voluntarios y ayudó a construir un orfanato en Brasil. Hasta que un día, con 43 años recién cumplidos, se puso una máscara, una peluca y anteojos para el sol, e intentó robar un banco, arma en mano, según la policía.[chron]